El archivo de la Catedral de León conserva una destacada colección de documentos redactados sobre pergaminos elaborados con pieles de terneros. En el reverso de uno de ellos, conocido con la denominación “Nodicia de kesos” y datado entre 974 y 980, Semeno, monje despensero encargado de la administración de los víveres de este cenobio, apunta una relación de quesos que son entregados a integrantes de la comunidad religiosa como pago por la realización de trabajo. Este listado de quesos es uno de los primeros textos en lengua protorromance, predecesora del asturleonés y anterior al castellano. Su relevancia histórico-lingüística es incalculable. Sin embargo, en su anverso, se documenta la donación de tierras realizada en 959 por Hermenegildo y Cita al monasterio de Rozuela, entre Chozas de Abajo y Ardón, correspondiente a una villa llamada Auctarios.
Escribir la tierra sobre piel de animal fue uno de los primeros gestos de propiedad, una inscripción que marcó el inicio de la fragmentación de la tierra. La vaca mutó en toponimia y tipologías de solares se escribieron sobre cuero: gleba, era, serna, losa, valle, barrial, cerrillo, pedriza, páramo, huerta, solar, pomar, prado, majada, dehesa…
En algunas zonas del mundo el dominio humano sobre el planeta contiene aún ecos bíblicos y una imagen jerárquica recurrente: hombres –y animales a su servicio– sobre la faz de la tierra. Sujeto entre interrogantes, trasladado a las finas capas de piel animal escrita con letra humana, el peso transforma la percepción de lo que nos rodea. El filo del pergamino abre en canal ahora al humano y adquiere la concepción de una lente a través de la cual observar el mundo. Mediante esta lente Kimia Kamvari (Colonia,1986) enfoca algunas de las deformaciones –y pesares– de nuestra propia especie. Con ella, esta balanza tan cruda parece invertirse en algunas culturas para dar lugar a diferentes modos de relación. Qué o quién se encuentra sobre o bajo qué es la premisa de partida de los relatos civilizatorios generalizados. La imagen de la Tierra que descansa sobre la vaca, o la vaca que sostiene el peso de la Tierra se encuentra en la cosmología persa y, ahora, mientras pasamos las hojas digitalizadas del catálogo documental en el ordenador, entre los archivadores metálicos de conservación, los escáneres y las bases de datos, se conecta con las escrituras de tierras conservadas en el archivo, redactadas sobre pergamino en la Alta Edad Media.
La superficie de la vaca adquiere la cualidad de superficie del mundo. Su piel, transformada en pergamino, adopta la cualidad de una pantalla: un lugar de representación. En esta pantalla se aíslan y visualizan procesos de producción del mundo: particiones, ventas, donaciones y dota de imágenes al poder que los sustenta en términos de tecnología. Inscribir tierras sobre piel de animal ha sido una invención dirigida cambiar las reglas de propiedad del mundo que nos rodea.
Escribir la tierra supone operar en su geografía, donde la palabra geo, tierra en griego, comparte una raíz sonora y simbólica con gāv, vaca en persa. Un mismo sonido —la letra g-e o g-a— que designa aquello cuya fertilidad sostiene, alimenta y da cuerpo al mundo.
- Contexto
- Walking on and off the Path – Hamish Fulton
- REGIÓN (Los relatos). Cambio del paisaje y políticas del agua
- Olvidados del tiempo
- A punto de ser nada
- Voces que caminan
- Qué se ve desde aquí
- Anidar en el gesto: unas estanterías de Alberto
- Río Sil, líneas y geometrías. Irene Kopelman
- PUEBLOS DE COLONIZACIÓN. Miradas a un paisaje inventado
- Lo animal en España. 1920 - 1964
- La balsa. Tres actos para una intemperie
- Una distancia insalvable
- Dónde estarán las nieves de antaño
- tercer maestro