Proyecto 

Dónde estarán las nieves de antaño

Tal vez ahora, cuando la nieve desaparece del horizonte, quepa la posibilidad de que este fenómeno natural pueda comprenderse en su más amplia perspectiva: simbólica, poética, antropológica. Que pueda también conducirse hacia una suerte de interiorización ética y estética: al modo de un ánimo que actúe como un catalizador de fuerzas, capaz de propiciar una poderosa tecnología de observación, de interpretación del acontecimiento y sus símbolos y, dentro de él, de su relación con nosotros mismos y nuestros quehaceres. Pues todos estamos concernidos en la pregunta que resuena desde los versos medievales de Villon: Dónde estarán las nieves de antaño.

En este conocido estribillo de una balada legendaria resuena la cuestión del lugar de las cosas cuando están sometidas al curso cruel y fatal del tiempo. Pero la nieve, en el fondo, no es solo un fenómeno concreto, sino una realidad de orden inmemorial: un hecho físico y mental, incluso también – y más que nada – del corazón. Es una certeza que sube a los ojos y que está ligada a la luz, la soledad, el frío o el silencio. En ese preguntar del verso de Villon resuena también un sentido libidinal, como un deseo de invocar esa naturaleza de nieve que gusta – ahora más que nunca – de desaparecer u ocultarse, pero que es  signo soberano y magnífico de la existencia en tanto que acontecimiento puro de la naturaleza.

En suma: nos interesa acercarnos al hecho diferencial de la nieve como frágil presencia que fue pasado y, acaso, en tanto precisamente que principio inmemorial, signo incierto del porvenir del mundo.

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