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Qué o quién se encuentra sobre o bajo qué es la premisa de partida de los relatos civilizatorios generalizados. La imagen de la Tierra que descansa sobre la vaca, o la vaca que sostiene el peso de la Tierra se localiza en la cosmología persa y, ahora, mientras pasamos las hojas digitalizadas del catálogo documental en el ordenador, entre los archivadores metálicos de conservación, los escáneres y las bases de datos, conecta con las escrituras, cesiones y decomisos de tierras conservadas en el archivo de la Catedral de León, redactadas sobre pergamino en la Alta Edad Media.
La superficie de la vaca adquiere la condición de superficie del mundo. Su piel, transformada en pergamino, adquiere la cualidad de una pantalla: un lugar de representación. En esta pantalla se aíslan y visualizan procesos de producción del mundo: particiones, ventas o donaciones y dota de códigos e imágenes al poder que los sustenta en términos de tecnología. Inscribir tierras sobre piel de animal ha sido una invención dirigida a cambiar las reglas de propiedad del mundo que nos rodea.
Escribir la tierra, registrarla, supone operar en su geografía. La palabra geo (γῆ, gē), tierra en griego, comparte una raíz sonora y simbólica con gāv, vaca en persa. Un mismo sonido —las letras g-e o g-a— que designa aquello cuya fertilidad sostiene, alimenta y da cuerpo al mundo.
Alfredo Puente
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